Visita a la fundación Kripa, Mumbai, India.
Mayte Gómez, presidenta de Vida Plena.

Entre el 10 de diciembre de 2007 y el 10 de enero de 2008, tuve el honor de visitar la Fundación Kripa, en la población semi-rural de Vasai, dos horas al norte de Mumbai (en la costa oeste de la India). Esta fundación es una comunidad católica que trabaja en el tratamiento del alcoholismo y la drogodependencia, y además tiene una sección en la que se atiende a personas seropositivas o con SIDA (esta sección se conoce como VRACS). La Fundación Kripa, fundada hace más de veinte años por el Padre Joe Pereira, tiene hoy más de cincuenta centros por toda la India, incluyendo varios en la provincia de Mumbai, así como en Goa, Kalkatta, y Mangalore. La inspiración para esta obra comenzó con el Padre Pereira, quien, a su vez, recibió la inspiración de la Madre Teresa de Calcuta. En 1994 la Madre Teresa inauguró y bendijo el centro de Vasai.

Mi visita a la Fundación Kripa se enmarca dentro de lo que espero sea una serie de viajes para conocer organizaciones que trabajen en el tratamiento de la drogodependencia combinando terapias orientales y occidentales. Nosotros/as, en Vida Plena, combinamos el Yoga, la Meditación, el Tai Chi, Chi Kung, y muchas terapias de salud de origen oriental (Acupuntura, Shiatsu, etc) con psicoterapia de origen occidental como el Gestalt, la Bioenergética o la Psicosíntesis – aunque esta última, a su vez, ha recibido una gran influencia del Vedanta y el Yoga. Por su parte, la Fundación Kripa combina el Yoga y la Meditación con la terapia psicológica de Alcohólicos/Narcóticos Anónimos – conocida en el mundo entero como los “doce pasos”.

Durante mi visita en Kripa, tuve la suerte y el privilegio de compartir la vida cotidiana con el equipo de trabajadores de la fundación y con sus residentes, que me permitieron atender todas las actividades que forman parte de su programa diario.

Mayte con el personal de Kripa Vasai y de VRACS

Mayte con el personal de Kripa Vasai y de VRACS

Reunión del staff cada mañana

Reunion del staff cada mañana

Mayte con el colectivo de residentes de Kripa Vasai

Mayte con el colectivo de residentes de Kripa Vasai

La jornada en Kripa comienza con una clase de Yoga y una sesión de Meditación entre las seis y las siete y media de la mañana. Tras el desayuno, el colectivo residente atiende una sesión grupal llamada “Input”, en la que un terapeuta ofrece una charla sobre uno de los aspectos del programa. Seguidamente, se pasa a las sesiones de “Escritura”, “Lectura”, o terapia personal, hasta la hora del almuerzo.

Sesión de yoga

Sesión de yoga.

Sesión de input

Sesión de input

Tras el almuerzo, la sesión de “Output” es la oportunidad que el colectivo residente tiene de reaccionar a la charla de la mañana, comentando sus experiencias y compartiendo cómo viven el programa. Por las tardes hay nuevas sesiones individuales, y por la noche una sesión de “Inventario”, en la que se analiza la evolución de la jornada, seguida de cena y meditación.

Cada residente permanece en Kripa una media de tres meses, tras los cuales vuelve a su comunidad de origen. El centro acoge a una media de 35 residentes, todos ellos hombres, y tiene al menos 15 trabajadores que residen permanentemente. Aunque la religión oficial en Kripa es la católica, todos los centros tienen tanto residentes como trabajadores que profesan otra fe, mayormente el Hinduismo o el Islam. En Kripa se celebra una Misa diaria, y es común que durante esta celebración se oiga la llamada al rezo de alguna mezquita cercana o los cantos del templo hindú al otro lado de la calle.

El mes que estuve en Kripa fue muy especial, pues pasé allí las fiestas navideñas y el año nuevo. Durante la semana de fiestas, el Padre Joe Pereira está siempre en Vasai, pues el centro está construido en un terreno cedido por sus difuntos padres, justo enfrente de la casa familiar donde aún vive su hermano. En Nochebuena se celebró una Misa del Gallo, pero la atracción principal de la semana fue la tradicional Fiesta de Kripa del 28 de diciembre. Esta fiesta se celebró por primera vez hace unos años, cuando el Padre Pereira invitó a los orfanatos de la zona a traer a sus niños y niñas al centro de Kripa para celebrar el Día de los Santos Inocentes. Año tras año la fiesta continuó creciendo hasta que se convirtió en una tradición, y hoy día los invitados son más de 700 niños y niñas, muchos de los cuales son seropositivos/as. Parece imposible que se pueda organizar una fiesta en condiciones para un número tan elevado de niños/as, pero fui testigo de ello y doy fe de que en Kripa se realizó tal milagro. Aunque es imposible que no haya algún que otro momento de caos con tanta criatura de arriba abajo, lo cierto es que el evento fue una maravilla de organización: comenzó con la celebración de la Misa, siguió con actuaciones, juegos y bailes, y concluyó con una cena en la que comieron los 700 niños y niñas, más un numero considerable de invitados/as. Además, cada niño y cada niña se llevó una bolsa con numerosos regalos, todos ellos cedidos por comerciantes de la zona. Mi amiga Tanja y yo (Tanja es una estudiante alemana con la que coincidí en Kripa durante mi estancia) fuimos las fotógrafas oficiales del evento, además del deleite de mayores y pequeños al pasearnos con nuestras cámaras vestidas con saris tradicionales.

Niños disfrutando del baile en la fiesta del 28 de diciembre

Niños disfrutando del baile en la fiesta del 28 de diciembre

Grupo de niños en la fiesta del 28 de diciembre

Grupo de niños en la fiesta del 28 de diciembre

El “Circo Kripa”, formado por los residentes del centro, en la actuación dedicada a los pequeños y pequeñas.

El “Circo Kripa”, formado por los residentes del centro, en la actuación dedicada a los pequeños y pequeñas.

Mayte y Tanja, con el Padre Iván Lobo, amigo de Joe Pereira, durante la fiesta del 28 de diciembre.

Mayte y Tanja, con el Padre Iván Lobo, amigo de Joe Pereira, durante la fiesta del 28 de diciembre.

Un grupo de niños y su maestro, que no dan abasto para meter los regalos en la bolsa.

Un grupo de niños y su maestro, que no dan abasto para meter los regalos en la bolsa.

En Nochevieja, el Padre Pereira celebró la jornada con una sesión de oración y meditación en la que invitó a la congregación a rememorar el 2007 y hacer propósitos para el 2008, seguida de una Misa concelebrada con otros sacerdotes de Kripa y de la zona. Tras la celebración de la Misa, y el tradicional café con bizcocho, se pasó a quemar el “old man” (hombre viejo), una especie de muñeco o espantapájaros creado para la ocasión, que se quema como símbolo de la persona que muere con el año viejo, a la espera de que nazca una persona nueva en el año nuevo. El Padre Pereira hizo los honores, prendiendo la primera mecha en el muñeco, que quedó reducido a cenizas en pocos minutos, mientras todos los asistentes disfrutaban de los fuegos artificiales.

El Padre Joe Pereira comienza a quemar el “old man”.

El Padre Joe Pereira comienza a quemar el “old man”.

Durante el mes que estuve en Kripa, también visité el centro de Bandra, un suburbio de Mumbai, donde el trabajo tiene otro estilo, debido al carácter urbaño de la zona. El centro de Bandra actúa más bien como un Centro de Acogida, abierto las 24 horas, y cualquier persona con problemas de drogodependencia o alcoholismo puede buscar apoyo cuando lo necesite. El equipo de Bandra lo dirigen Marvin y Stephen, con la misma dedicación que el equipo de Vasai.

Mayte y Tanja con Stephen en el centro Kripa de Bandra.

Mayte y Tanja con Stephen en el centro Kripa de Bandra.

Pero, por supuesto, no todo fue trabajo durante mi estancia en la India. En el barrio de Papdy, donde se encuentra el centro de Kripa en Vasai, Tanja y yo nos hicimos amigas de varias familias, con las que compartimos momentos muy bellos en sus casas y en sus templos. Papdy, e incluso Bandra, no son zonas turísticas en absoluto, por lo que Tanja y yo éramos las únicas personas extranjeras en ambas zonas (y no sólo extranjeras, sino de piel muy clara y ojos azules, por lo que era imposible no llamar la atención donde quiera que fuéramos). Por doquier nos seguían los niños y niñas, y nos pedían autógrafos o que nos hiciéramos fotos con ellos/as. Los chicos más mayorcitos nos tomaban fotos con sus móviles y se acercaban a estrecharnos la maño y practicar su inglés. También se nos acercaban las mujeres con los niños más pequeños en brazos. Los hombres adultos lo observaban todo desde una distancia más prudencial.

Mayte con un grupo de niños y niñas que se unían a nosotras en el camino.

Mayte con un grupo de niños y niñas que se unían a nosotras en el camino.

Tanja y yo compartimos muchas comidas y cenas en las casas de las familias del barrio, visitamos templos cercanos en los que compartimos cantos y oraciones, e incluso nos fuimos con una de las familias más amigas a templos más lejanos, en los que pasamos un día de picnic. Allí visitamos unas piscinas naturales de agua caliente, donde familias enteras se bañaban entre risas y juegos, y pudimos compartir la devoción de la población hindú, que abarrota los templos en un verdadero espíritu de Bhakti Yoga. Fue para mi un honor compartir estos momentos tan hermosos con estas familias amigas, que me honraron con su hospitalidad y amistad.

De visita en los templos con la familia de Vasai.

De visita en los templos con la familia de Vasai.

Participando en los cantos de un templo del barrio.

Participando en los cantos de un templo del barrio.

De picnic en el templo de Majaswhari.

De picnic en el templo de Majaswhari.

Marcharse de Vasai, de Bandra y de la India fue muy difícil, pero el 10 de enero no quedó más remedio que volver. Tanja se había marchado a Goa unos días antes, por lo que la última semana de mi mes de viaje la pasé sin ella. El 10 de enero volé de Mumbai a Londres, para asistir a mi curso mensual de Psicosíntesis, y tras tres días allí volé a Jerez de la Frontera, para reunirme con el equipo de Vida Plena en la zona y organizar las actividades que comienzan en enero. Después regresé a Nottingham, donde resido, aunque llegué sin saber muy bien dónde estaba.

Mi cuerpo físico ha vuelto a casa, pero una gran parte de mí todavía esta sentada en el templo de la Diosa Majeswhari, de picnic con la familia.

Mayte con el personal de Kripa antes de su partida.

Mayte con el personal de Kripa antes de su partida.


Mayte escribió una contribución al Boletín de la Fundación Kripa. La versión electrónica del original escrito en inglés puede encontrarse aquí.

La traducción al castellano de este artículo puede leerse aquí.